En los doce años
que he sido maestra, he tenido más o
menos mil estudiantes a mi cargo. Ni
piensen que voy a decir “He enseñado a mil estudiantes y recuerdo el nombre de
cada uno de ellos” pues no, ya quisiera contar con esa memoria súper
humana. Lo que si honestamente puedo
decir es que como maestra de primaria he apreciado a cada uno de ellos como si
fueran mis hijos. Me he encariñado con
su personalidad, sus ocurrencias y sus historias personales me han llegado a lo
más profundo. Lo que si espero, y lo
digo con sinceridad, es que alguno ellos llegue recodarme con el mismo
cariño.
¿Qué
es lo que un maestro puede hacer para ser inolvidable? Bueno hay algunas
opciones que podemos considerar, puedes ser el de los que te haces odiar
fácilmente por ser extremadamente “estricto”, de esos profesores que no dejan
chistar en el aula y que la mayoría de padres adoran. Puedes ser el profesor “cool” que no manda
deberes y todo se convierte en juego; o la “mixta” que es una mezcla de las
dos, ya saben esa profe que es chévere pero cuando había que trabajar uno lo
hacía y cumplía.
Tengo
muy vagos recuerdos sobre mis maestros, no creo que sea porque la mayoría eran
profesores malos o que no valgan la pena recordar, pero ya les comente que
tengo una memoria de teflón que no deja que ningún nombre se pegue. Recuerdo a mi profesora de primer grado, la
que pensaba que no podía leer porque no ponía empeño, Sta. Sonia. Recuerdo a mi maestra de quinto grado, Sta.
Sandra que a pesar de mucho esfuerzo nunca se aprendió mi nombre pero sus
clases fueron muy divertidas, ¡con ella fue la primera vez que jugué bingo
ortográfico! Tengo muy en claro a mi
profesora de literatura en la secundaria que era tan estricta, de esas profes
que solo ruegas a Dios que no te haga pasar al pizarrón, Lic. Patricia. Me acuerdo de mi maestro de Sociales, a quién
recuerdo únicamente por su apodo, ¡qué terrible! La profesora que más recuerdo en mi vida
escolar fue mi profesora de anatomía.
Estudié en un colegio católico tradicional, pocos eran los maestros que
se animaban salirse de lo establecido, lo que convertía muy monótona la vida en
el colegio, pero mi profe, “la Doc Yascila”, ella nos llevaba a un espacio diferente, fuera
del aula tediosa de clase. Ella era
médico de profesión, así que nos contaba casos médicos reales y era honesta al
contestar nuestras preguntas. ¡Imagínense! treinta estudiantes mujeres de
colegio católico, éramos bien curiosas.
Cuando
yo asistía al colegio, nunca escuché sobre los diferentes tipos de dificultades
de aprendizaje que existen. Yo fui diagnosticada
con dislexia a los diez años, no era algo que se volvió a mencionar a mis
padres ni recibí seguimiento por parte de mis maestros o alguna
psicopedagoga. En el colegio, o eras
buena estudiante o mala, eso era todo.
Si eras mala estudiante pues te tenías que irte del colegio, porque los
colegios tenían estándares y si no los cumplías tenías que buscarte otro.
Ahora
que soy maestra y he trabajado con niños con dificultades de aprendizaje sé que
estos casos son reales, no puedo imaginarme la cantidad de niños y niñas que
estudiaron en mi época o mucho antes que yo, que no pudieron recibir atención
adecuada de sus maestros y eran a menudo etiquetados peyorativamente frente a
sus compañeros. Hoy el gobierno
ecuatoriano propone las aulas de inclusión educativa y las adaptaciones
curriculares que aceptan la existencia de estos niños y niñas dándoles una oportunidad
de acudir a un aula regular y ser asistidos en sus necesidades para que puedan,
si es el caso, superar sus dificultades de aprendizaje. Suena hermoso, ¿no?
Durante mi
experiencia en instituciones privadas, mucho antes de que se aprobara la nueva
ley de educación sobre aulas inclusivas, trabajé con muchos niños con
necesidades especiales de aprendizaje.
Muchos con tanto déficit atencional e hiperactividad que tenían sus
deditos lastimados de la ansiedad que les provocaba estar sentados en un solo
lugar sin moverse. Niños que tenían la impulsividad de hablar, no porque su
intención fuera esa, simplemente no podía parar. Otros con problemas de lenguaje que sin
poder entender un idioma que no es el propio, trataban de cumplir con las
expectativas de sus padres en casa.
Niños con autismo o asperger a los cuales se ve luchar por encajar en un
circulo social y a la vez ser testigos de sus frustraciones cuando sus rutinas
son alteradas.
Trabajar con
estos casos ha sido muy difícil, agotador y muchas veces me han hecho decir:
¡Basta, necesito otro trabajo! Muchos
dirán, “Si hubieras estudiado docencia estuvieras mejor preparada para lidiar
con estos casos” Pues no, hasta recientemente, muy pocos o ningún maestro tenía
la preparación adecuada para liderar una aula inclusiva. Por mucho tiempo colegios privados que han
llevado esta práctica se han valido de talleres y capacitaciones muy “light”
para su personal y así poder manejar estos casos. Muchos de esos colegios manejaban un aula de
recursos que permitía que niños con dislexia, digrafía, y/o discalculia
recibieran atención personalizada con una persona preparada para que el
estudiante remitido pueda avanzar y superar sus dificultades académicas. Sin embargo, con la reforma educativa dada en
Ecuador, las aulas de recursos fueron prohibidas debido a que se las calificaba
como discriminatorias y ahora los niños deben estar en el aula con sus
compañeros recibiendo clases con material de trabajo especial, recibiendo
instrucciones adaptadas para sus necesidades y luchando por la atención de una
sola maestra entre otros veinte estudiantes (en unidades públicas el número
puede incrementar).
Entiendo la razón
por la que las aulas de recursos pueden ser consideradas como discriminatorias,
pero las personas que decidieron eliminarlas ¿realmente pensaron alternativas
pedagógicas que se puedan realizar para que las aulas sean más inclusivas? Hay miles de alternativas que pudieron ser consideradas. Hay metodologías que permiten trabajar con
múltiples casos de dificultades de aprendizaje en la misma aula e inclusive con
un solo maestro presente. ¿Qué incluyen
estos cambios? bueno primeramente olvídense de que los estudiantes estén
sentados uno detrás del otro, que deban llenar libros a diario de contenido y que
la maestra dicte lo que deben aprender. Pero
esperen, ¿se trabaja así en la mayor parte de escuelas en el país? ¡No! Muchas autoridades
estudiantiles no permiten que sus maestros trabajen con una metodología
colaborativa, muchos maestros se reúsan a hacerlo porque consideran un
“desorden” hacer que los estudiantes trabajen en “grupos”. Otro problema es que las aulas e
infraestructura de los colegios son caducas,
siguen utilizando escritorios individuales y un aula rectangular con un
pizarrón y escritorio en frente, sorprendentemente hasta las nuevas escuelas
del milenio que surgieron para innovar no han podido superar este modelo absurdo. Tal vez me equivoque, no he ido a visitar una
escuela de estas, hablo meramente de lo que he visto en TV y en los reportes
semanales del gobierno pero espero muy sinceramente estar equivocada.
Entonces, ¿Cuál
es la alternativa al aula personalizada de recurso? ¿Qué es lo que el gobierno
requiere del maestro en estos casos? Requiere que cada maestro pueda realizar
su trabajo extremadamente bien (obvio), que atienda las necesidades de sus
veinte estudiantes. Doce estudiantes regulares,
dos estudiantes con hiperactividad aunque solamente uno de ellos tiene déficit atencional,
otro estudiante con hipoactividad, otros dos con dislexia, dos niños con serios
problemas emocionales y por ultimo un
niño con síndrome del espectro autista.
Sí, requiere que el maestro llene planas enteras de cómo planea trabajar
con ellos, además de elaborar pruebas y/o contenidos especiales para cada uno
de los casos aunque
sabemos que al final de su vida escolar todos serán sometidos a la misma prueba
estandarizada para formar parte de las estadísticas de educación. Requiere que el maestro colme de informes al
departamento de consejería y mantenga reuniones continuas con pedagogos para el
bienestar de los chicos, en otras palabras que se llene de evidencia de que
trabaja, ¡Si
no hay papeles que respalden lo hecho, usted no ha hecho nada! El profesor debe realizar todo esto además de
las planificaciones de contenido que deben presentarse para demostrar que el
currículo se cumple y por último el trabajo habitual del maestro de calificar
trabajos, tareas y por su puesto asistir, dar clases y preparar las
exposiciones para que los papas también evidencien el trabajo que realizas con
sus hijos. Y adivinen que, muchos maestros
no solo tienen un aula con veinte estudiantes, a veces hasta cuatro aulas y
consideren que en las instituciones públicas existen clases de hasta sesenta
estudiantes, es decir que todo lo
explicado anteriormente se multiplica. Por favor hagan la cuenta pero no
utilicen los dedos, no les va a alcanzar.
En grandes
esfuerzos por corregir comportamientos y procedimientos en las instituciones
educativas, las autoridades y los legisladores de nuestro país han hecho
cambios en la ley de educación, cambios que sin lugar a duda
necesitaban ser realizados. En este
esfuerzo hemos pasado de un extremo al otro, enfocándonos más en las evidencias
escritas que en lo que se puede hacer en el aula para incluir a TODOS los estudiantes
en una educación de calidad. Los niños con necesidades
educativas especiales existen y requieren nuestra ayuda. Pero hagamos de esta ayuda algo mas
proactivo, más útil y eficaz. El hecho
de tener miles de papeles que posiblemente terminen archivados en la esquina de
una oficina, no quiere decir que el trabajo se realice con eficacia. Implementemos metodologías, técnicas y
estrategias que hagan significativo el aprendizaje, que nuestros estudiantes
puedan recordar con alegría su vida en
la escuela o colegio, que no olviden lo divertido que fue aprender y que
no pierdan la gana de seguir haciéndolo.
Nos han convertido en educadores
de escritorio, excelentes tipeadores, somos maestros “PaperMate”. Se han olvidado de
darnos las herramientas que realmente necesitamos para crear ambientes
educativos inclusivos. Esperemos que
pueda ser algún día de política pública saltar de la educación del siglo XIX a
una educación del futuro, ¡pero en serio!
No hay duda alguna de todo lo que has dicho Gaby. Es absurdo como muchas otra políticas retrecheras de gobierno, el hacernos creer que la "revolución educativa" es una maravilla, cuando en realidad lo que ha hecho es maquillar las políticas de siglo XXI en un agujero negro con evaluaciones estandarizadas, maestros "secretarios", y alumnos encolumnados sin opción a colaborarse entre ellos porque si hacen bulla, eso más te conviertes en un mal maestro por no poder "controlar" el grupo. HASTA CUANDO POR DIOS???
ReplyDeleteCreo que la burocracia del sistema público ecuatoriano ha cegado toda posibilidad de mejorar pedagógicamente la educación en el Ecuador. Pienso que la escasez de educadores especializados en el Ministerio impide que se pueda progresar en este tema. Al final parece que la educación se convirtió simplemente en un proceso administrativo.
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